jueves, 23 de abril de 2009

La enseñanza de las Ciencias....

Cuentan con el conocimiento científico pero desconocen cómo utilizarlo, señala

Estudiantes mexicanos, sin elementos para resolver problemas, revela OCDE

Crear un programa de enseñanza que atienda desigualdades del país, el reto de México

Laura Poy Solano

De acuerdo con los resultados del Programa Internacional para la Evaluación de los Alumnos (PISA, por sus siglas en inglés) 2006, aplicada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en México los estudiantes “no cuentan con las bases fundamentales del conocimiento científico para resolver un problema, es decir, se aprenden todo en clase, pero no saben utilizar este conocimiento de forma creativa”, afirmó Andreas Schleicher, jefe de la División de Indicadores y Análisis de la Dirección para la Educación de ese organismo.

Agregó que en la mayoría de las naciones, la demanda laboral de personas capacitadas con un conocimiento que “privilegie la memoria, va a la baja, hoy día lo que se requiere es personal con capacidad para resolver problemas y no para tratar de recordar lo que han aprendido”.

En entrevista con La Jornada, afirmó que uno de los retos más importantes que deben de afrontar los sistemas educativos es la “enorme diversidad social que existe en las aulas, porque no podemos suponer que todos los niños y jóvenes son iguales, debemos impulsar una educación más individualizada, de acuerdo con sus necesidades”.

–¿Cuáles son los retos que debe afrontar un sistema educativo con tantas asimetrías y con una población escolar multicultural y en condiciones de pobreza?

–El verdadero reto está precisamente en reconocer estas diferencias y generar una escuela capaz de atenderlas. No podemos caer en un sistema educativo que reproduzca un mismo modelo para todos. A ello se suma que en México se le ha dado mucha importancia al contenido curricular, pero no a la aplicación del conocimiento, en determinar qué queremos aprender y para qué. Esa es la pregunta central que deben responder los sistemas educativos.

Por la mañana, en una conferencia sobre el papel de la evaluación para el desarrollo de las competencias en el aula, destacó que la prueba PISA 2006 revela que en México los estudiantes “pueden tener buenos resultados aprendiendo, pero no tienen la capacidad para resolver los problemas de forma creativa, que es lo que está demandando el mundo laboral hoy día”.

Sin embargo, reconoció que la prueba PISA tampoco ha logrado “determinar cómo podríamos medir las llamadas habilidades interpersonales, así como la capacidad para trabajar en equipo y ser más competitivos, pero sin duda se trata de ejes centrales en la formación de las futuras generaciones”.

Schleicher señaló: “debemos afrontar que la realidad “cambia más rápidamente que la escuela, por lo que debemos cuestionarnos qué es lo que estamos enseñando y cómo lo hacemos, para evaluar los resultados que estamos obteniendo”.

Dijo que el conocimiento científico es una base “fundamental que nos permite evaluar qué tan bien comprenden la realidad y sus fenómenos”, pero en México, indicó, los resultados señalan que los alumnos evaluados “saben mucho de ciencia, de las fórmulas y los fundamentos, pero no pueden aplicar estas herramientas para resolver los problemas”.

Respecto de factores como la igualdad de oportunidades educativas, reconoció que en México aún existe “mucha desigualdad entre hombres y mujeres, pues hemos detectado que pese a que las alumnas tienes más talento para el desarrollo del conocimiento científico, en las aulas no logran acceder a todas las herramientas que les permitan aplicarlo, mientras que los hombres usan mejor las herramientas, pero no tienes soluciones muy creativas”.

Schleicher se reunió este miércoles con el presidente Felipe Calderón y la secretaria de Educación Pública, Josefina Vázquez Mota, en Los Pinos, para presentar un balance de la prueba PISA.

El Desastre Educativo

Jorge G. Castañeda
23 Abr. 09
Reforma


Carlos Puig en Milenio comentó el libro Outliers. Subrayaba las conclusiones del autor, Malcolm Gladwell, sobre las diferencias de rendimiento escolar de niños de primaria en Asia y EE.UU. Concluía que la diferencia de días de clase al año -180 en EE.UU., 220 en Corea del Sur, 243 en Japón- y la diferencia de horas diarias en la escuela entre estos países explica en gran medida los resultados superiores de los niños asiáticos. Pero también concluye que esa explicación sirve para entender por qué niños de escuelas buenas en barrios pobres -una en el Bronx otra en Baltimore- y niños de escuelas malas en barrios ricos tienen aprovechamiento desigual, la diferencia consiste en las horas de clase diarias. Quizá esta misma explicación sirva, como lo he sostenido desde hace cinco años -ver el capítulo sobre educación de Somos Muchos (2004)-, para explicar la lamentable comparación, ya no sólo de México con otros países en pruebas como PISA y TIMMS, sino con otra comparación más pertinente y trágica.

En un estudio publicado por la Universidad de California en Irvine, divulgado por The New York Times el domingo pasado, se comprueba lo que desde hace tiempo habíamos sospechado. El nivel educativo de los jóvenes mexicanos en EE.UU. es inferior, no sólo al de sus pares anglo o asiático-americanos e incluso mexicano-americanos -lo que es lógico-, sino es inferior al de salvadoreños, guatemaltecos, otros latinos, filipinos, chinos, coreanos, vietnamitas o cambodianos. Tomando dos criterios: el porcentaje de alumnos de preparatoria en California que obtienen calificaciones de 9 o 10 y el porcentaje de jóvenes de más de 25 años que tienen una licenciatura, los resultados mexicanos son desastrosos. En el primer criterio, sólo 12.9% de los mexicanos tienen calificaciones de 9 a 10 (A en el sistema de EE.UU.). Para los salvadoreños y guatemaltecos es de 14.5%, otros latinos, 26%; filipinos, 32.2%; chinos, 50.9%; coreanos, 50%; vietnamitas, 45.4%, y para cambodianos, 20%. En cuanto a la obtención de una licenciatura, la cifra para mexicanos en EE.UU. es de 17.6%; para salvadoreños y guatemaltecos, 24%; otros latinos, 36%; filipinos, 43%; chinos, 81.8%; coreanos, 77.2%; vietnamitas, 58.5%, y se salva el honor con los cambodianos que tienen 16%, un punto y medio debajo de nosotros.

En vista de que el nivel socioeconómico del migrante mexicano no tiene por qué ser inferior al de otras nacionalidades, con excepción de la coreana, ya que México tiene un PIB per cápita superior a esos países y los mexicanos que emigran no son más pobres que los salvadoreños o filipinos, pero tampoco más tontos ni más inteligentes; la única explicación reside en su educación anterior, que tratándose de los mexicanos es la que recibieron en México. Ciertamente la comparación es imperfecta porque algunos vietnamitas, cambodianos y salvadoreños son hijos de refugiados quizás con un nivel socioeconómico superior; y quizás parte de la educación de los mexicanos ya la recibieron en EE.UU; y que es sólo California, aunque ese estado incluye la mitad de la población mexicana en EE.UU.

Podemos aventurar múltiples hipótesis para explicar la tragedia, pero dos son relevantes. Aunque el año oficial de primaria en México comprende formalmente 200 días, sabemos que entre paros, días de capacitación, puentes, etcétera, el promedio real es cercano a los 180 días de EE.UU., 25% menos que Japón y Corea. Pero además, la jornada escolar en México es de 4.5 horas. En la escuela del Bronx mencionada los niños entran a las 7:25 am, están en clase hasta las 5 pm y algunos se quedan en clubes de tarea o en equipos deportivos hasta las 7 pm.

Podemos esperar hasta las calendas griegas para aumentar el año escolar y alcanzar la jornada completa en la que insistimos sin cesar durante dos años y medio de campaña independiente a la Presidencia. Pero mientras esperamos, el rezago entre mexicanos y filipinos en California seguirá creciendo.